Dear Katie Holmes
Querida Katie, cuando te conocí te llamabas Joey y eras una jovencita verborreica enamorada de un rubiales con diarrea mental. El uno para el otro, sin duda. En un alarde de agilidad mental sin precedentes, vislumbraste que la cabeza del rubiales no iba a dejar de crecer nunca y, tras marear la perdiz un buen montón de capítulos, entregaste tu flor al malote-pero encantador-chico con problemas y mejor amigo del rubiales. Resultado: más diarrea mental para todos, que empeoró cuando tú y tus coleguitas os plantasteis en la universidad. Las bibliotecas pueden hacer mucho daño. En fin, me caías bien
Quiero más!