Mes: enero 2011

Galaga

Vas a necesitar un barco más grande

Mucho más grande va a tener que ser el Estrella Polar si se confirma como la cuna el cascarón de nuez de la humanidad. Aunque yo no me preocuparía, que en ese barco nadie va a tener problemas para arrechucharse, y frotarse, y de paso lanzarse a la repoblación para tener que arrechucharse más. Sigo sin preocuparme, con el camino que llevan, de un momento a otro descubren una isla que se mueve regentada por un tal Hurley y su amiguito Ben, y les enseñan jugar al mus. Pero yo no he venido hoy aquí a hablar de El Barco,

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Besos que no son besos y otros convencionalismos

En el último de Castle ya lo han hecho, han tirado del típico recurso del beso falso (aquí varios ejemplos de Macguffin) para que los shippers tengamos un pequeño momento de gloria. Esto es, hacer que personajes con un largo historial de tensión sexual no resuelta se den un pedazo de beso (depende del caso, esta vez sí que fue “pedazo de beso”) pero que en realidad no cuenta porque forma parte de una actuación, de un sueño, de una realidad paralela, de alguna random patillada o tuvo lugar debajo del muérdago. Total, que el beso no cuenta porque el

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Oprah Winfrey

Your OWN show, gánate un programa con Oprah

Lo que Oprah dice va a misa, y cuando Oprah habla sube el bacalao. Esto es así. Oprah Winfrey es una de las personas (que ya no mujeres) más influyentes de los estados juntitos. Oprah es dios, la Ivanova del siglo veinte (o veintiuno, versión extendida). Y claro, la evolución natural era que tuviera su propia cadena: The Oprah Winfrey Network, a.k.a OWN, generando un juego de palabras de lo más apropiado. Total, que Oprah ya tenía un imperio y ahora tiene su propia cadena de televisión (de cable, eso sí) de la que es princesa, reina y presidenta. Y

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Pilar Rubio

De galas, del público que asiste a ellas y otras tonterías

Lo de ayer con OT fue un epic fail en toda regla, y no me refiero solamente a los diversos mamporrazos físicos acaecidos durante la gala. Me importa tres pimientos cómo interpreten unos y otros las audiencias (más bien bajuchas), no me voy a meter con Pilar Rubio (porque si queréis la comparamos con Carlos Lozano en la primera edición y nos partimos la caja todos un rato) y ni siquiera voy a entrar en cómo iban peinados, en cómo iban vestidos o lo mal que cantaron (por los nervios, claro). La perra del infierno con twitter que llevo dentro

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Hawaii Lost location

Tú a Vancouver y yo a Hawaii

Cualquiera diría que alguien sigue rodando en Hollywood o New York pudiéndose ir a Vancouver o Hawaii. Que sí, que lo siguen haciendo, pero no descubro la sopa de ajo si os digo que rodar en Vancouver (o en Toronto, o en Burnaby) es más barato. Es más barato porque sí, porque lo es, pero además por ciertos beneficios fiscales y subvenciones varias. Sumémosle que tienen ciudades que fácilmente pueden pasar por New York o similares, que están a tres horas de avión de Hollywood, y en la misma zona horaria que Los Angeles (por lo menos Vancouver). El resultado

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Kalinda y su enemigo

Creo que nunca lo he dicho aquí en ByTheWay, pero A-M-O The Good Wife. Creo que es una de las mejores series que hay en la actualidad y el que todavía albergue prejuicios de “series de mujeres” es que no se entera de nada. Y mira que el título “la buena esposa” es tan potencialmente horripilante como “Cougar Town”, que tan criticado ha sido… en fin… Porque The Good Wife es una serie de abogados, pero también de intrigas políticas, y de amor, y de envidias. Vamos, que es una serie sobre LA VIDA. Algún día os hablaré sobre mi

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Downton Abbey

Downton Abbey: sota, caballo y rey

Parece que el hit de las navidades por aquí cerquita ha sido Downton Abbey, esa serie inglesa de época que no es de la BBC… y no, tampoco está nada mal. Por lo que he leído por ahí, todos coincidimos: Downton Abbey engancha cosa mala desde el primer momento, básicamente porque juega sus cartas con la misma gracia con la que Maggie Smith jugaría al bridge (aunque fuese en Gosford Park, pero a eso voy más adelante). Primera carta: comenzar con algo que sentimos cercano, que nos atrae y con lo que empatizamos perfectamente, es decir, el hundimiento del Titanic.

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