Larga vida a la familia Walker

B&S

Cuando empieza la temporada te lías a hablar de nuevas series, buenas, malas y peores, y parece que dejemos de lado las series que nos acompañan año tras año, haciendo la vida del teligioso un poco mejor. De vez en cuando va bien que honremos a los mayores y recordemos su gran sabiduría, como en el caso que hoy nos ocupa. Brothers and Sisters no ha tenido últimamente el reconocimiento que se merece por mi parte, pues a pesar de las idas y venidas de la familia Walker, la serie lleva conmigo cuatro temporadas y la amo desde el primer día que la vi.

Como es el caso de muchas series, Brothers & Sisters tuvo una primera temporada muy buena con la que consiguió fidelizar su audiencia y tuvo que enfrentarse a la temible maldición de las segundas temporadas. Personalmente creo que la superó mediante tramas culebronescas y peleas walkerianas, pero el drama llegó en la tercera temporada. Entre los problemas de faldas de Balthazar Getty, los enredos detrás de las cámaras de Berlanti y compañía y la hiper velocidad que tienen para abrir y cerrar tramas, liaron un hot mess del copón bendito. Ah, claro, y por supuesto me olvidaba del Ryan-Gate, el último hermano Walker y uno de los personajes más odiosos de la historia de la televisión. Está claro que los productores no ganaban para disgustos.

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Pero llegó la cuarta temporada y con ella hemos recuperado a los Walker del principio. Claro que tienen unos dramas humanos importantes, pero esa es la esencia Walker, enfrentarse a unos mierdos de kilo, pero hacerlo juntos, bebiendo innumerables botellas de vino californiano. A la greña están como siempre Nora, cuál matriarca en todo su esplendor y Holly, la mala de la serie, que no es tan mala pero es un poco lerda y perra, con sus peleas variadas. Un tío Saúl al que tendrían que aprovechar más, pues parece que sólo este allí para aguantarle los dramas a Nora. Y unos hijos con mil problemas pero entrañables hasta la médula. Yo soy incapaz de enfadarme con Kevin a pesar de ser un metomentodo controlador. Y hasta han conseguido que el mundo se reconcilie con Scotty, al que odiaba profundamente y ahora no puedo dejar de adorar. Y muy atrás han quedado ya mis resquemores con Calista Flockhart, a la que ya he olvidado como odiosa Ally McBeal y sólo puedo recordar como Kitty Walker.

Gracias a dios, a algunos personajes les han dado un respiro, de momento. Conociendo a ls guionistas, a lo mejor el respiro dura tres capítulos, pero algo es algo. Robert ha dejado de ser un espantapájaros egoísta y vuelve a ser el marido que toda mujer quiere y Sarah, por fin, parece haber encontrado el amor que se merece. Claro que el franchute latin-lover es tan perfecto que, seguro que esconde un oscuro secreto del tipo trabajo de mula para el cártel de Medellín. Pero es que, como dice mi amigo Juanjo, Sarah necesitaba algo bueno en su vida, que ya tiene suficiente con el peinado que le han puesto a su hija Paige, a la que cualquier día le da un siroco y se convierte en la Sue Scanlon de Pasadena.

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Por supuesto aún tienen algunos flecos por solucionar. Todavía no saben qué hacer con Ryan, porque parece que ya han decidido que es malo (porqué el público no le soporta, básicamente), pero lo tienen allí haciendo apariciones estelares de lo más ridículas. Les voy a mandar una carta ya a los de la ABC para decirles que no hace falta que le mantengan, que no le necesitamos. Lo mismo les quito un peso de encima y todo. Y después está el eterno tema de Tommy, que le mencionan de vez en cuando para que la gente se acuerde de que todavía le tienen en nómina. Perdonémosle ya todos sus errores y que vuelva al lado de sus hermanos. Necesitamos al macho alfa de la manada, así que obviemos todo ese rollo hippy-zen de México y que vuelva a pelearse con sus hermanos ya.

Ah, y también tenemos tramas surrealistas como la de Justin con la medicina. Pero algo le tenían que dar para hacer al chaval, que desde que dejó las drogas, se pasea por los salones de la mansión Walker con cara de tristón wants a friend. Por suerte, Justin tiene a Rebecca, claro ejemplo de personaje que los guionistas se podrían haber quitado de un plumazo, pero que se ha quedado para siempre en nuestros corazones. Y es que, está claro que cuando los Walker aman a alguien también lo hace el público. Ryan, te estoy mirando a ti.