El tabú del culebrón

Culebrón

La tertulia de la semana pasada en Radio San Vicente me dejó dándole vueltas al tema de los culebrones, ese género tan denostado y extendido a la vez. Por supuesto existen muchos tipos de culebrones (latinos, adolescentes, de ricos, familiares…), pero todo ellos tienen características comunes que los hacen grandes y un género imprescindible para la televisión.

Los culebrones son como Gran Hermano o los programas del corazón, a nadie le gusta admitir que los sigue, pero todo el mundo les echa un vistazo. A tal punto llega el tabú de la palabra “culebrón”, que ahora a muchas series culebronescas se las llama drama. Series como Grey’s Anatomy, no dejan de ser culebrones revestidos de una pátina de modernidad que nos la venden como un producto de calidad, pero aunque no tengan a su Rodolfo Federico de turno, no dejan de ser un culebrón. ¿Por cuántas mujeres pasará McDreamy antes de casarse con Meredith? ¿Cuánto alcohol consumirá ella? Ex-novios, lesbianas, drogas, psicópatas. Pensadlo bien, tiene todos los ingredientes necesarios.

Culebrón

Por supuesto, estos culebrones menores de hoy en día, nunca llegarán a la grandeza de series como Dallas, Falcon Crest o Dinastía, que se adueñaron del prime-time con sus tramas psicotrópicas, una franja que antes sólo habían ocupado series “serias”. Porque, no os confundáis, los culebrones no están reservados para la marujil franja de la sobremesa, si no que están en todas partes. Pensad bien en todos esos momentos que un país se ha paralizado por saber el desenlace de una historia truculentosa de estas: la resolución de quién disparó a JR, cuando Betty la fea se hizo guapa, cuando se terminó Pasión de Gavilanes. Yo casi no ceno la noche del desenlace de Nissaga de Poder.

No hay que olvidar que ni series como Los Soprano, Dexter o House, han sido capaces que crear personajes tan malvados como la típica mala de culebrón (sí, impresiona más si es una mujer). Esa Amanda Woodward de Melrose Place que era capaz de acabar con todo un país del tercer mundo sobre sus tacones de aguja, siempre será venerada en esta casa. Por supuesto, son principalmente tramas diseñas para atraer a un público femenino al que le interesan los rolletes amorosos y los saltos de cama. A pesar de que casi cualquier serie hoy en día tiene que poseer estos elementos, porque si no, no se entendería que en Battlestar Galactica hubiese tantos amoríos interestelares.

Culebrón

Estoy harta de oír hablar a fantoches que se creen teligiosos y realmente no aman la televisión sobre todas las cosas. Echo de menos un buen culebrón como los de antes, con sus terroristas, sus cambios de sexo y sus amores incestuosos. Y, por supuesto, tienen que ser de ricos, porque al pueblo llano no nos gusta ver más penurias económicas a parte de las que nosotros mismos pasamos. Queremos ver una buena juega en el jacuzzi de la terraza con vistas a Park Avenue, todo regado con Moët Chandon y caviar de beluga del más rancio abolengo.